Hace unos días vi una película titulada Confucio que, obviamente, narraba la historia del partícular personaje… y me cayó muy bien Confucio. Tanto es así que días después he buscado sus libros. Confucio es el pilar de la cultura según dicen.

Lo poco que sabía de él eran las frases que encuentras en imágenes con almendros y el título de un libro que compré pero no tuve el valor de leer.

Hace mucho estuve a punto de adoptar una niña china. Durante el proceso de adopción tenia el sueño de llévala a su pais a conocer su cultura y su identidad si era posible. Así que me descargué la música china y me compré algunos libros con los que comprender un poco mejor la cultura china.

Pero ocurrió algo durante ese proceso y es que descubrí (por algo que no puedo contar), que mi ex no sólo era un maltratador con los adultos. Que su violencia no era hacia mí por mis supuestos errores sino que también lo era con otras personas y supe que mi hija china nunca podría ser feliz y doy gracias al cielo por haber reunido valor para separarme antes de traer a una niña a una vida nada feliz…. fue lo más cerca que he estado de ser madre…. pero no quiero contarte más historias tristes… por cierto que algún día hablaremos de la tristeza y la obesidad que también tienen mucho que ver.

En fin que nunca me leí ningún libro de Confucio pero ahora, al conocerlo un poco, he descubierto que quiero conocerlo más. Tal y como lo describe la película, Confucio era un hombre muy inteligente que tenía el empeño de pacificar tres gobiernos en eterna pugna y que los tres lo admiraban por su sabiduría. Tenía una escuela y sus alumnos le seguían con devoción y amor porque querían aprenderlo todo de su maestro. En el otro lado de la balanza estaban los gobernantes, que querían sus consejos pero siempre y cuándo estuvieran alineados a sus intereses.

En la historia humana siempre hay dos victorias. Una de ellas es la de la mediocridad. Los mediocres siempre se cargan a los brillantes básicamente por dos motivos. Uno, porque no soportan que les hagan sombra y otro por la ingenuidad de los inteligentes de pensar que sólo con su sabiduría y su inteligencia es suficiente. El mundo está lleno de brillantes defenestrados y científicos asesinados.

La otra victoria es la lealtad del corazón. Hay personas que podrían seguirte hasta la muerte porque creen en ti, en tus ideas y en tu proyecto y Confucio, como buen genio, pudo ser testigo de ambas victorias.

Yo sólo te voy a contar la bonita, la victoria de la fidelidad y te dejo la fea por si quieres ver la película ¿te parece bien?

Pues en esta victoria de la lealtad es donde entra el discípulo de Confucio. Confucio es desterrado y decide vagar de ciudad en ciudad por toda la basta tierra china. Al inicio de su bagaje, de repente se encuentra con uno de sus alumnos más fiel que le indica que le piensa seguir. Confucio le enseña el horizonte seco de un desierto y le dice “lo que se nos presenta es incierto y lleno de peligros, no tengo nada que ofrecerte” pero aún así su alumno le indica que le seguirá allá adonde vaya y que no está solo. Su alumno le enseña a sus espaldas, que todos sus alumnos le van a acompañar en su peregrinaje.

Así que Confucio camina con sus alumnos por ciudades, desiertos, montañas… llega el invierno y se refugian en un granero de una ciudad arrasada por la guerra. Comprueban con pena que no hay donde comer y empiezan a pasar hambre. Ninguno de sus alumnos decide abandonar.

Siguen caminando, esta vez en pleno invierno casi siberiano y van pasando por un lago. Notan un crujido y empiezan a correr. Pero la última carreta cae al agua helada con su alumno más aventajado, el que le prometió seguirle hasta la victoria. Todos fueron a socorrerlo pero él se negó a ser socorrido porque quería rescatar todos los escritos de Confucio que habían caído con él. Así que se adentró en las aguas rescatando los escritos del maestro y sacándolos del agua hasta que el frío congeló su cuerpo. Es la más hermosa victoria de la fidelidad que he conocido.

Y de eso vamos a hablar hoy, de lealtades y de cómo usar la victoria de la lealtad a nuestro favor en esto del peso. Bueno, como digo siempre, en esto del peso o en cualquier cosa porque la idea de la que te voy a hablar hoy te sirve para todo aquello que quieras conseguir en tu vida. Hablamos de la nutrición y el ejercicio pero bien podríamos hablar de dejar una droga, por ejemplo, o de lograr algo grande, aparentemente difícil.

¿Cómo puedo usar mi propia lealtad en favor de mis sueños?

Antes de eso deberías preguntarte con sinceridad lo siguiente: ¿a quién soy más leal? ¿Quién es la persona a la que no puedo defraudar?

Esa persona deberíamos ser nosotros mismos pero la mayoría de las veces no es así. Nosotros nos ponemos en último lugar. Hay personas en el mundo que sólo cumplen sus sueños y sus anhelos si todo el mundo, es decir, si todas las personas del planeta, se ponen de acuerdo para permitirle cumplir ese anhelo. Es muy duro lo que digo, pero es verdad.

Y lo haceos por dos posibles motivos, o por miedo, o por comodidad. Si otro domina mi vida, no tengo que hacer el gran esfuerzo de dominarla yo. Así que pago el precio, claro pero también la ventaja que es dejar que sea otro el que tome las decisiones. Y si alguien domina mi vida porque le tengo miedo, es que aún hay un fantasma que no he derrotado. ¿Te acuerdas de la película Psicosis y la historia de Norman Bates, un tipo que era dominado por su madre incluso después de muerta? Pues eso ocurre con mucha frecuencia. La madre de Norman Bates siempre gana. Menos mal que no siempre tenemos unas madres tan malas que nos vuelven esquizofrénicos. A veces sólo decidimos que alguien es más importante que nosotros porque lo amamos mucho, como hizo el alumno de Confucio. A veces un hijo se lo merece todo. A veces unos padres bondadosos se lo merecen todo.

Lo bueno de esta técnica de usar la fidelidad a tu favor es que no tiene importancia que no seas fiel a ti mismo. Si te es imposible hacer ese cambio de prioridades, tu fidelidad hacia otros puede ser una gran herramienta para lograr tus objetivos.

Así que piensa en alguien a quien amas mucho e imagínate poder darle la mejor versión de ti mismo y eso implica una versión segura de sí misma, que ha logrado sus objetivos, que es más delgado o delgada y que ha logrado cosas grandes.

Y entonces, anclas tu objetivo a tu fidelidad.

Te voy a ilustrar con un ejemplo de cómo lo he hecho yo que me ha funcionado muy bien.

Yo me he propuesto que mis padres, un hombre grande y una mujer buena, van a ser testigos de mi resurgimiento. Todos los días llamo por teléfono a una hora concreta para hablar con mis padres y saber cómo están. Así que he decidido usar mi lealtad hacia ellos como palanca para lograr mis objetivos. Todos los días, antes de esa llamada, me pongo un vídeo de Dakidissa y lo ejecuto de principio a fin.

Así que no lo olvides: no sólo eres lo que haces, lo que consigues y lo que te define… sino también lo que amas.

 

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